CULTIVAR LA AMISTAD
Aristóteles llamó
verdadero amigo al “segundo yo” de cada uno. La amistad es una relación acerca
de la que aprendemos desde dentro: primero la experimentamos y luego
reflexionamos acerca de su sentido. Es el medio por el cual los niños pueden
llegar a ser conscientes de quienes son y de qué es aquello que los hacer
diferentes a las otras personas. Hannah Arendt sostiene que el diálogo entre
amigos crea la experiencia para una posterior autointerrogación: un diálogo
interno que conduce a un crecimiento de la comprensión de sí mismo. Cuando un
niño habla con un amigo, es capaz de reflexionar y compartir sus propias ideas,
sentimientos, esperanzas y experiencias. Se ve afectado por lo que su amigo o
amiga piensa acerca de lo que él piensa. Quiere saber si su amigo ve el mundo
del mismo modo que él, y si no es así, quiere entender su punto de vista. ¿Por
qué? Porque lo ayuda a sentirse una persona completa, y esto es algo que
resulta muy importante para un niño.
A medida que los
niños crecen y experimentan la amistad, comienzan a verse a sí mismos no como
yoes separados sino como yoes en relación con otros. Descubren quiénes pueden
llegar a ser. Con la ayuda de sus amigos proyectan ideales que tienen sentido
para ellos. Los niños descubren muchas cosas por medio de la experiencia de la
amistad. Aprenden que pueden ser generosos, afectuosos y amables.

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