LA DIALECTICA DEL CONOCIMIENTO


 

Como hemos visto hasta ahora, nuestras creencias son el punto de partida y apoyo para entrar en relación con las cosas y los demás. En el caso de las relaciones interpersonales, aunque mi fuente de información sea lo que la otra persona dice de sí; existen muchas otras que he percibido por mí mismo; con las que voy elaborando hipótesis o supuestos, que poco a poco se van confirmando o reelaborando. Ahora bien, ¿qué peso tiene una u otra fuente al momento de procesar la información?

Si la respuesta es “mi propio juicio” estoy reduciendo la autorevelación de la persona a mera información, que voy procesando de acuerdo a los criterios y opiniones que he obtenido de ella. Este modo de relacionarnos con las personas las convierte en objetos que analizo para saber a qué atenerme respecto de ellas.

Si, por el contrario, los datos que voy obteniendo, sean de las fuentes que sean, las voy confrontando con la propia persona, considerando que la relación con ella está fundada en la libertad y la confianza mutua; la estoy considerando su dignidad como persona y en definitiva el misterio irreductible, al que accedo a ella por la fe.

Es importante tomar consciencia de que la forma como procesamos la información es de gran trascendencia en las relaciones que establecemos en la vida; porque, de hecho, muchas veces no lo hacemos. Si la relación que da la pauta es la de sujeto-sujeto, basada en la confianza mutua, y por tanto, en el asentimiento que damos a lo que revelamos de nosotros mismos; es posible el co-examen de las incoherencias que se puedan mantener a causa de nuestras propias fragilidades.

Esto significa que la relación interpersonal es dramática; es decir, uno de los dos puede percibir incongruencia, falta de consistencia entre lo que ve y lo que hace el otro; sin embargo, puede mantener su confianza. Porque siempre será necesaria la fe en el otro, ya que las personas no son fehacientes todo el tiempo. Por eso, afirma Trigo (2012: 15) “por más capacidad que tenga uno de dar cuenta de sí y por más verás que sea, siempre será necesaria la fe”.

Así pues, la confianza en el otro es razonable, pero en último término es incondicional. Es una opción. Es una decisión personal creer en el otro como persona, como posibilidad, como alguien digno de confianza y credibilidad.

Creer en el otro es fundamental para comprenderle, pero lo es aún más para ampliar nuestra confianza en la posibilidad de transformar la realidad y construir un mundo mejor.

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