SEXUALIDAD


 


Hemos sostenido que la educación moral debe constituirse como una indagación ética; quisiéramos afirmar algo similar para esa parte vagamente definida como “educación sexual”. Sostenemos, en otras palabras, que la educación sexual es un tema idóneo y apropiado para la comunidad de indagación filosófica. Más aún, que debería considerarse simplemente como otra área de indagación que ha de ser explorada por la comunidad. Si bien la sexualidad tiene su propio lenguaje e imaginario, sus valores, conceptos y problemas subyacentes no son sino aquellos que pertenecen a la esfera de las relaciones personales en general. Por consiguiente, la educación sexual debería estar incluida dentro del currículo como un componente natural, y no aislada de él como un área contenciosa que requiere un tratamiento especial y la aprobación de los padres.

 La sexualidad implica el conocimiento de ciertas verdades, hipótesis y teorías biológicas y fisiológicas. Ahonda en cuestiones lingüísticas, psicológicas y sociales que están enlazadas con factores culturales y emocionales. Tiene, también, una prominente dimensión filosófica que incluye una serie de cuestiones y dilemas éticos, así como una estructura argumentativa que a menudo es difícil de captar. Enfrentadas a la perspectiva de conciliar todos estos componentes con un programa fragmentado, las escuelas han colocado tradicionalmente a la sexualidad en el cajón de lo “demasiado difícil”.

 Cuando se trata de establecer una comunidad de indagación que pueda explorar temas sexuales, recomendamos a los maestros adoptar los procedimientos que están en el núcleo de la Filosofía para Niños:

-       Comenzar con una historia apropiada para la edad que plantee temas polémicos y provea un estímulo afectivo y cognitivo. Dicha historia no se referirá directamente a miembros de la clase, para poder brindar así un contexto no amenazador para la indagación, un contexto que esté conectado con sus preocupaciones y experiencias, pero al mismo tiempo convenientemente alejado de ellas.

-       Invitar a los estudiantes a establecer una planificación planteando sus propias preguntas y preocupaciones.

-       Iniciar (si los alumnos no lo hacen por su cuenta) un diálogo en el cual los estudiantes tengan la posibilidad de pensar con cuidado acerca de los procedimientos y los conceptos que están en el centro de su comportamiento ético y sexual.

Sharp (1996: 260-261) propone la siguiente lista de los procedimientos que los estudiantes pueden usar en sus discusiones sobre la sexualidad: 

1) Distinguir hechos y descripciones de opiniones u preceptos morales; 

2) Identificar supuestos problemáticos: la poligamia no es ética, “sólo los homosexuales y drogadictos tiene sida”, “las mujeres tienen un sexto sentido”; 

3) Analizar conceptos como: persona, relación, reciprocidad, masculinidad, feminidad, poder, intimidad, cuidado, libertad, derechos, respeto…; 

4) Imaginar y representar diferentes perspectivas (ponerse en lugar de los adultos, un anciano, un obeso, un discapacitado, etc.); 

5) Comprender la estructura lógica de los argumentos e identificar las premisas ocultas y las falacias culturales: “el incesto y la prostitución han existido siempre”, “los hombres no lloran”; 

6) Considerar los motivos en que se apoyan las propias acciones y las consecuencias éticas


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