EL MIEDO ES PARA LOS VALIENTES

 


El título del post hace referencia un relato elaborado por el filósofo colombiano Diego Pineda. Se trata de una historia que se ocupa de una noción fundamental en la reflexión ética clásica, la de una de las principales virtudes morales: la valentía. La historia está construida para como resultado de un esfuerzo propio para esclarecer la noción de valentía, que tiene su origen en un estudio muy detallado de la concepción aristotélica contenido en la Ética nicomaquea. Por último, habría que puntualizar que la historia es el resultado de pensar un problema filosófico (el del significado del concepto de valentía) metido en la mente de un niño imaginario (que, tal vez, sea el autor mismo) que vive circunstancias que lo obligan a plantearse los problemas que allí aparecen.

En tal sentido, es importante, entonces, tener en cuenta que toda la historia es una especie de autorreflexión que hace un personaje-niño de su misma edad, se plantea una serie de reflexiones éticas que resultan pertinentes en su esfuerzo por comprender y dar un significado a su experiencia.

El tema central del relato es, por tanto, el significado de la valentía como virtud moral y el de la relación que existe entre ella y una emoción específica: el miedo. Hay, además, desde luego, una tesis implícita (aunque el título mismo de la historia la hace explícita): que la valentía no radica en no tener miedo, sino en aprender a dominarlo, entendiendo, desde luego, que “dominarlo” no quiere decir algo así como reprimirlo, suprimirlo o sublimarlo, sino actuar sin que el miedo se convierta para nosotros en una fuerza paralizante que nos impide hacer lo que creemos que debemos hacer.

De esta manera de entender la valentía se sigue, además, una particular comprensión del significado de una emoción como el miedo: ser una especie de señal que sentimos en nuestro cuerpo de que hay un peligro posible, un mal latente, y que, por tanto, debemos actuar con cautela. De hecho, aquí el miedo no aparece como algo que impida ser valiente, sino como la condición misma de la valentía, pues no se puede ser valiente sin experimentar el propio miedo.

En el título mismo del cuento, hay, pues, una idea ética rectora, puesto que pretende cambiar la percepción que solemos tener de nuestro propio miedo y sugerir una manera más razonable de comprenderlo. Además, esta idea rectora no debe entenderse como una especie de moraleja que deba ser aprendida como una verdad indiscutible por su lector. De hecho, las ideas, las imágenes y los casos que propone la historia son para examinarlos y discutirlos a fondo y no para asimilarlos como una especie de “verdades morales fundamentales”. Es posible que alguien se rebele contra esta idea rectora y proponga una manera muy diferente de entender la valentía. Ello es válido y deberá existir el espacio y el tiempo para discutirlo.

Junto a esta idea fundamental ya señalada, hay en la historia muchos otros asuntos éticos y filosóficos que podrían examinarse: ¿por qué lloran los mayores?, la tranquilidad, la solidaridad, el dolor, ¿cómo enfrentar los miedos?, entre otras. Los niños que leen y discuten la historia descubren con frecuencia en ella muchos otros asuntos que despiertan su interés, y los docentes que trabajan con ella deben estar siempre dispuestos a ayudarles a examinar ese tipo de problemas.

Por último, la educación moral no puede concebirse como una isla.


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