MENTALIDADES EMERGENTES
Lo que caracteriza a la mentalidad occidental es una visión idealista del mundo, por lo que la concepción de progreso se sustenta una mentalidad positiva. Esta visión idealizada ha provocado grandes desarrollos intelectuales y un dinamismo ascensional que, en el mejor de los casos, ha producido frutos cualitativos. En esta concepción del mundo las relaciones interpersonales están marcadas por la eficacia, la oportunidad y la excelencia.
Tomemos el ejemplo de Platón. Su razonamiento va de lo sensible a lo ideal,
constituyéndose este último en la realidad primera de todas las cosas. Ese
mundo ideal es lo que le da ser a las cosas sensibles, de tal manera que la
esencia de las cosas se oculta en los individuos, ya que ellos son un reflejo
parcial e incompleto de la idea originaria.
En esta forma de concebir el mundo, las cosas no son lo que son, sino lo
que deberían ser: no existe el padre concreto sino el ideal de padre; por lo
que ningún individuo puede ser llamado padre, porque seguramente sus
imperfecciones no le permiten reflejar completamente lo que el ideal de padre
contiene. En nuestra experiencia cotidiana no existe la persona concreta: Juan,
María sino el ser ideal en nuestra mente, por lo que él o ella sólo son en la
medida que responden al modelo deontológico que nos hemos formado de ellos, en
cuanto a relación que establezco con ellos: parental, laboral, social o
personal.
Otra idea clave en la mentalidad occidental es lo que llamaremos la
dialéctica de oposición; es la forma como reconocemos o rechazamos a los que
comparten nuestro estilo de vida o aquellos con los que discrepamos. Se trata
del reconocimiento del otro como una prolongación del yo; por lo que la cultura
no es otra cosa que el autorreconocimiento, rechazando todo lo que cuestione el
ideal modélico.
Sin embargo, recientemente hemos sido testigo de una mentalidad compleja;
la cual se podría justificar por la imposibilidad de alcanzar el ideal de
humanidad propuesto. Se trata de admitir y considerar como propio e
identificatorio todo aquello que caracteriza al individuo en su circunstancia
concreta. La constatación de la vulnerabilidad, necesidad, utilidad e
inmediatez de la vida humana hacen resplandecer multiformes necesidades
sensibles, materiales, utilitarias, sociales y espirituales que en definitiva
constituyen a la persona tal cual es.
No es fácil aceptar la diversidad, ya que se enfrenta a los modelos
estandarizados que hemos vivido como cultura occidental; sin embargo, el reconocimiento
del individuo concreto como ser vulnerable y precario, ha significado un punto
de partida, un lugar de referencia para la reconstrucción del corpus social
desde las mayorías.
Una tercera perspectiva la podemos denominar mentalidad democrática;
constituida por los sujetos que con una mentalidad positiva se adentran en el
mundo de la negatividad reconociendo sus potencialidades. De esta manera, la
carencia se convierte en oportunidad, la necesidad en posibilidad de encuentro
y la utilidad en acción cooperativa. La asertividad se cultiva en la
resiliencia.
No es fácil aceptar las consecuencias de nuestra mentalidad, ya que muchos
de nuestros criterios para juzgar el mundo entorno ha sido heredado del entorno
socio-cultural en el que hemos participado; por lo que, lo primero es despertar
el deseo de cuestionar aquello que de entrada damos por supuesto.

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