MI LUGAR ES EL MUNDO QUE ME CUIDA
El libro del Génesis muestra a Dios como creador que hace existir el mundo y la humanidad a partir de la nada. El ser humano no solo aparece como individuo, sino que emerge, más bien, en relación con sus semejantes y los demás seres vivos, con la posibilidad de comportarse responsablemente. Dios da a los seres humanos lo que necesitan para vivir dignamente.
Desde esta perspectiva, una de las claves de interpretación de la historia
sagrada narrada en la Biblia puede definirse como la historia de la
restauración de las relaciones fracturadas entre el hombre y su mundo entorno.
En la alianza con Noé (Gn 9, 1-17) es evidente que, pese a la violencia e
injusticia, Dios actúa para restaurar la alianza; también en la promesa hecha a
Abraham encontramos la idea de la familia humana.
La diversidad de pueblos y lenguas es valorada en la Biblia como fruto de
la acción creadora; sin embargo, el relato de la Torre de Babel nos muestra la
dificultad que pueden encontrar los seres humanos para hacerse cargo de esta
diversidad.
El Concilio Vaticano II (1965) declaró que “dados los lazos tan estrechos y
recientes de mutua dependencia que hoy se dan entre todos los ciudadanos y
entre todos los pueblos de la tierra… la comunidad de las naciones [ha de
darse] a sí misma un ordenamiento que responda a sus obligaciones actuales (GS
84). Así pues, el desarrollo sostenible es un objetivo central que encauza a
toda la humanidad a buscar relaciones positivas y de crecimiento a favor del Bien
Común.
Descubrir el mundo, darle significado, explorar las leyes que rigen el
Universo, son algunos de los interrogantes que se plantean Harry, Lisa, Suky y
Mark en las narraciones del programa de Filosofía para Niños, Niñas y
Adolescentes. En todas ellas, la búsqueda de razones sobre lo trascendente no
debe impedir indagar y justificar los esfuerzos de razonabilidad.

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