MI LUGAR ES LA TIERRA QUE QUIERO CUIDAR
A nadie escapa que los problemas ambientales y los sociales son inseparables. De ahí que en el ámbito de la educación se hable ahora de educación ecosocial, superadora de la ambiental como solo enfocada en la preservación de la naturaleza.
La filosofa venezolana Beatriz Sánchez Pirela, en su trabajo “Hacia
una ética ecológica: apuntes para una reflexión” (2003) nos invita a
reflexionar sobre los pueblos indígenas, quienes muestran «una postura
filosófica ante la vida basada en el respeto a la misma y en la armonía con la
sacralidad de la naturaleza como particularidad específica de su conciencia
mítica. Esta concepción resguarda una ética de la vida particular de estos
pueblos, en quienes la naturaleza es divinizada y juega un rol principal. En el
pensamiento racional occidental la naturaleza es vista como objeto, y sometida
a una explotación similar a la de los humanos en desventaja. Pero el
pensamiento mítico aporta una matriz conservacionista vital para una Ética
Ecológica que descanse en el respeto a la vida y a la naturaleza.
Así pues, el conocimiento y el contacto con los grupos
indígenas puede convertirse en un espacio concreto para establecer una relación
cuidadosa con la tierra y el entorno social, en general. El contacto con la
naturaleza y las posibilidades de enriquecimiento personal y comunitario a
través de ella se convierte en un lugar apropiado y punto de partida concreto
para fundar las bases de una cultural sustentable.
Ejercitar habilidades de pensamiento
en los más pequeños a través del arte nos permite dotar a los niños de recursos
personales y colectivos para disfrutar de una obra. Enseñarles a mirar la
naturaleza, pero también a escuchar e interpretar los cambios atmosféricos, a
disfrutar de una acampada les permite tomar conciencia de su mundo entorno.
La construcción de un proyecto de vida
personal y social es el producto más importante de la comunidad de indagación. Conceptos
como amistad, justicia, relaciones, belleza, reciprocidad, respeto, bien,
muerte, destino, derechos van siendo trabajados y discutidos con los elementos
de una creciente capacidad de abstracción y reflexión.
Un ejemplo podría ser la discusión
sobre el derecho de los animales. Los estudiantes pueden tener padres que sean acérrimos
defensores de tales derechos o incluso que no tengan ninguna opinión al
respecto. Independientemente de ello, existen argumentos que pueden expresar
opiniones opuestas. En todo caso, el objetivo sería que, dentro del grupo, se
cree una atmósfera de escucha y respeto, que se puedan ventilar los argumentos
y que cada estudiante, dentro de su comunidad de indagación, pueda ir valorando
sus criterios.

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