MI LUGAR ES UNA CIUDAD ECOSOCIAL


 

La ciudad de Valencia y especialmente el Museo de la Cultura a adoptado a El Principito como un vocero del ideal de persona, sociedad y vía de realización que se desea construir. Desde el enfoque ecosocial el relato tiene especial interés, ya que la totalidad de la acción transcurre en espacios abiertos: el desierto, los pequeños planetas. El autor ha querido referir especialmente la relación que establecemos con la naturaleza desde la primera infancia.

La soledad desértica aporta al relato una ambientación adecuada para la reflexión e interiorización sobre los diferentes tipos de personas que habitan los mundos que El Principito va visitando. La personalidad del niño misterioso, que observa y exige razonamientos no convencionales ofrece la oportunidad para reencontrarse con el yo interior que late por darle sentido al mundo entorno.

Entre el encuentro y despedida del principito y de su amigo transcurren 8 días. Mediante el relato, el protagonista, que incluye sus recuerdos, confiesa que tenía 6 años cuando una lámina de un libro despertó su curiosidad acerca de los animales y la selva; pero fue también el momento en el que le desanimaron a que siguiera por ese camino de descubrimientos.

El Principito manifiesta tener un especial esmero por la conservación de su planeta, no sólo deshollina los volcanes con frecuencia, sino que también pone especial empeño en detectar y eliminar los Baobas que –de crecer- pondrían en peligro la vida en su planeta.  En este fragmento del relato el misterioso niño explica a su interlocutor adulto: “Si el trabajo no se lleva a cabo, o no se hace a tiempo, las consecuencias son graves e irrversibles. Las raíces lo penetran todo, los árboles cubren el planeta, que no estaba destinado a ello por su tamaño. Pueden incluso hacerlo estallar, cuando los árboles son muchos y el planeta muy pequeño”.

También en el asteroide había una rosa, la cual había provocado de la aventura del pequeño príncipe. El cuidado que el niño había dispensado a la flor antes de que despertara se vieron duplicados por las exigencias y atención que ésta requería para sí.

En los sucesivos diálogos y experiencias en el planeta tierra, el principito parece darse cuenta de que tiempo transforma a las personas, los adultos adquieren una nueva valoración de las cosas y personas que tienen a su alrededor y de las actividades que realizan.

Por ejemplo, el zorro le enseña que “los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los comerciantes. Pero los comerciantes no venden amigos, por lo que los hombres ya no tienen amigos”. Más adelante también descubre que “los hombres se encierran en los trenes expresos, pero no saben lo que buscan.

Exupéry nos invita a un viaje de reencuentro con nuestro niño interior, al despertar de la personalidad originaria y auténtica que nos permite valorar nuestro lugar en el mundo.

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