ECOLOGÍA Y EDUCACIÓN MORAL
Partiremos de las ideas expuestas por Splitter (1998) al señalar las cuestiones básicas de la educación ambiental, desde la perspectiva filosófica. Al respecto plantea dialogar en torno a dos cuestiones: ¿Cómo puede contribuir la comunidad de indagación a la enseñanza-aprendizaje sobre el medio ambiente? ¿Permite la comunidad de indagación dejar sitio para el desarrollo de una ética medioambientalista genuina, que vaya más allá de las personas hasta abarcar sentimientos de cuidado y respeto por los animales, los árboles, los ríos, las montañas y, en última instancia, por el planeta en sí mismo?
El cuidado y el interés por el medio ambiente puede que no
sea algo exclusivo de nuestra época, pero provocan un sentimiento de urgencia y
una dimensión de complejidad que seguramente no tienen precedentes. En
prácticamente todas las regiones del planeta, existen conflictos profundos
acerca de las políticas que hay que adoptar en relación con la conservación de
los recursos naturales, así como con la preservación de muchos aspectos de la
naturaleza que están amenazados de destrucción por la industrialización y el
crecimiento de la población.
Los mismos niños son cómplices, e inmediatamente víctimas,
de estas difíciles situaciones. Los vasos de plástico no biodegradables que
arrojan contribuyen a formar montañas de desperdicios cuya gestión se ha
convertido en un problema para el que nadie conoce la respuesta. Las playas que
intentan disfrutar están cada vez más contaminadas y los coches en los que
viajan están contribuyendo a una contaminación del aire sin precedentes.
Por ello, participar en una comunidad de indagación sobre el
medio ambiente ayudará a elevar el nivel de conciencia de los niños no sólo
respecto a los correspondientes temas, sino también en relación a los
argumentos que se pongan o puedan poner para tratar de resolverlos.

Comentarios
Publicar un comentario