LA ORACIÓN, LUGAR DE ENCUENTRO

 




La oración continua es una de las prácticas que san José de Calasanz llevó a las escuelas como elemento de identidad y como iniciativa de gran valor educativa y evangelizadora.

Su finalidad es iniciar a los niños y jóvenes en el espíritu y práctica de la oración, que acompaña y plenifica su proceso educativo de forma integral, en la acogida de Jesús, maestro de vida, que bendice y abraza a los niños; desde el don humanizante del Espíritu Santo, que mueve sus corazones; y para mayor gloria de Dios Padre y auténtica utilidad del prójimo.


Es por ello que la Escuela Pía considera la Oración Continua como el lugar privilegiado para educar en la interioridad, que personaliza y dignifica a la persona, y así colaborar en la construcción de una sociedad más humana y comprometida.


Encuentro consigo mismo, la oración genera un estado de calma, serenidad, paz; brinda experiencia de alivio y descanso. Además, se aprenden destrezas para el silencio y la reflexión, la capacidad de interioridad y la escucha profunda de su ser, para conocerse como persona.


Encuentro con Dios, induce la acogida de su Presencia amorosa, tanto en ellos como en los demás; una actitud agradecida y una genuina disposición para encomendar la propia vida en sus manos. Pero, también, se produce progresivamente el deseo por crecer y parecerse a Jesús, modelo de humanidad.


Encuentro con los demás, las relaciones interpersonales adquieren una mirada nueva, llena de valores y compromiso; nace la intención de servir y ayudar a todos, especialmente a aquellos que más lo necesitan. Por tanto, surge en ellos un corazón más humano: uno compasivo, misericordioso y solidario con el mundo.

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