LA VIDA PREPARA LA ORACIÓN
Creer que la oración se reduce al tiempo
que se le dedica de una manera exclusiva y que depende únicamente de lo que
allí ocurre, es mitificarla. La oración se prepara en la vida, y quien no hace
caso de ésta nunca aprenderá a orar y nunca será guiado por el Espíritu. Si
nuestra vida es detestable, ¿cómo queremos tener una oración aceptable? Si
somos orgullosos durante el día, ¿cómo se nos va a revelar en la oración el
Dios de los humildes? Si nos falta la caridad y faltamos a ella constantemente,
¿cómo queremos que encienda nuestra vida el Dios que puso el segundo
mandamiento al mismo nivel que el primero? Si llevamos una vida delincuente, no
pidamos tener una oración exquisita. Todo esto sería mitificar la oración.
Digámoslo de una vez por todas: la oración depende de la vida, la oración hay
que prepararla en la vida y desde ella. Así lo creía Nuestro Padre Calasanz.
El santo Fundador pensaba en algunas
actitudes especiales como requisitos para prepararse a la oración. Citaba en
primer lugar la mortificación: “Si no logra ser mortificado, le decía al P.
Bandoni, tampoco logrará tener oración” (EP 1874). Y al P. Graziani le
escribía: “Adviértales cuánto importa al escolapio no hablar con la lengua a
los hombres para poder hablar con la mente a Dios. Y a esto último no se puede
llegar sin la mortificación primero” (EP 557).
Virtudes necesarias para prepararse a la
oración son: la humildad, la modestia y el silencio. Puede ser que las
manifestaciones prácticas que pedía el santo de estas virtudes no nos parezcan
tan estimables hoy día. Estamos en otros tiempos y hay que saber encajar otras
situaciones. Sin embargo, siguen siendo válidas las virtudes que citaba el
santo, aunque enmarcadas en otro contexto y practicadas de otra manera. Y ahí
está la sabiduría cristiana que enseña a mantener los contenidos, haciéndolos
vigentes en otras formas distintas. Sólo el Espíritu enseña cómo se atina para
poner en práctica lo que todavía sigue siendo auténtico.
Calasanz deseaba una purificación total
como medio para la oración. Cuando el corazón no está convertido es muy difícil
hacer oración; cuando una persona se va enredando en las mallas de los afectos
desordenados, no podrá llegar hasta Dios. “Cualquier pequeña cosa superflua, o
todo pequeño afecto a cosas superfluas, oscurecen el entendimiento e impiden el
aprendizaje de la oración mental (EP 664).
He aquí, pues, los consejos de Nuestro
Padre Calasanz: la oración hay que prepararla en la vida y desde ella. Quien ve
que su oración no camina o note que está vacía o se encuentre ante algo que ya
no tiene sentido para él, examine su vida porque es fácil que la vea llena de
pecado, y que va aferrándose a cualquier sorbo de felicidad que le presentan
las manos de los pecadores. En la humildad y sencillez, en el cariño por los
demás y en la entrega a ellos, en la delicadeza de un corazón sin tacha para
Dios es donde día a día se prepara el encuentro con el Padre. Y si el escolapio
al tomar su vida se da cuenta de que está vacía y es pecadora, llore, implore,
gima ante Dios que El oye los lamentos de los humildes y hará el milagro de
entrar en su miseria.
Ver Asiaín, Miguel (1979) La experiencia
religiosa de Calasanz, pp. 195-196.
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