PEREGRINOS DE LA ESPERANZA, hacia el Jubileo 2025
Desde el año 1300, la celebración de los Jubileos ha sido un acontecimiento de gran importancia espiritual, eclesial y social en la vida de la Iglesia. El Gran Jubileo del año 2000 introdujo a la Iglesia en el tercer milenio de su historia. San Juan Pablo II esperaba que todos los cristianos, superadas las divisiones históricas, pudieran celebrar juntos los dos mil años del nacimiento de Jesucristo, Salvador de la humanidad. Ahora que nos acercamos a los primeros veinticinco años del siglo XXI, estamos llamados a renovar nuestra esperanza, que permita al pueblo cristiano vivir el Año Santo en todo su significado pastoral.
Al respecto, vale
la pena recordar que desde el año 2019 la humanidad se vio afectada por la
inesperada pandemia que, además de hacernos vivir el drama de la muerte y la
soledad, cambió nuestro estilo de vida. Por lo que, es necesario recuperar la
noción de que la historia no está determinada o que transita a un destino
fatal; aún más, es necesario recordar que los seres humanos, con nuestras
decisiones, acciones y relaciones, somos capaces de marcar el rumbo por el que
queremos transitar.
En segundo lugar,
y como consecuencia de la afirmación anterior, es urgente recuperar el sentido
de la fraternidad universal, y hacer todo lo posible para que cada uno recupere
la fuerza y la certeza de mirar al mundo con mente abierta, corazón confiado y
amplitud de miras.
Los pontífices
han exhortado al cuidado de la casa común y el Papa Francisco ha llamado
específicamente a un Pacto Educativo Global como acto de esperanza, por lo que
nos vemos especialmente llamados a involúcranos vocacionalmente en la puesta en
marcha del mismo. Ya que la educación modela la naturaleza humana, tendiendo a
potenciar lo mejor de cada persona.
El Jubileo
también es una ocasión para profundizar en la belleza de la creación y el
cuidado de la casa común; sintiéndonos peregrinos en la tierra en la que el
Señor nos ha puesto para que la cultivemos y la cuidemos (Gn 2, 15).
Finalmente, el
Papa propone que durante el 2024 cada discípulo tenga la Oración del
Padrenuestro como programa de vida; recuperar el deseo de estar en la presencia
del Señor, escucharlo y adorarlo en una gran sinfonía de oración:
- Oración para agradecer a
Dios los múltiples dones de su amor por nosotros y alabar su obra en la
creación, que nos compromete a respetarla y a actuar de forma concreta y
responsable para salvaguardarla
- Oración como voz “de un
solo corazón y una sola alma (Hch 4, 32) que se traduce en ser solidarios y en
compartir el pan de cada día.
- Oración que permita a
cada hombre y mujer de este mundo dirigirse al único Dios para expresarle lo
que tienen en el secreto del corazón.

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