TERCERA CLAVE: LA ORACIÓN ES EL ALIMENTO DEL ALMA
La oración es tan necesaria al hombre
interior como el alimento al exterior: “Sin la oración no se puede estar bien
con Dios. Porque es tan necesaria al hombre interior como el alimento corporal
al hombre exterior” (EP 154). Imagen semejante a la anterior y que orienta la
reflexión y comprensión en la misma línea.
La oración, en el pensamiento de Nuestro
Padre Calasanz, es una realidad viva, dinámica, que se aprende, que se
ejercita, que vive y puede morir. Algo, por tanto, que hay que cuidar y mimar;
no se puede jugar con ella, ni se puede echar al baúl de los recuerdos de un
pasado forjador de ilusiones que alejaban al hombre de la verdad de nuestro
mundo. DE las cartas y constituciones es posible extraer un conjunto de datos
con los que se puede diseñar el aprendizaje de la oración.
Cuándo
hay que hacerla. “Las cosas realizadas con
precipitación y sin que les preceda aquella oración que convendría, suelen
originar arrepentimientos fastidiosos” (EP 827), comentaba el santo. De donde
se deduce su deseo de que el escolapio fuera haciendo todo en oración, o, dicho
de otra manera, que la oración impregnara todas sus acciones. De hecho, así
ocurre en la normativa de las Constituciones: los religiosos han de hacer
oración para discernir la llamada de quien pide entrada en el Instituto (n.17);
la comunidad ha de hacerla antes de dar la admisión (n.18); es necesaria para
estar en todo momento preparado para recibir los sacramentos (n.55); con ella
se ha de ayudar a los moribundos (n.65); han de acudir a ella antes de pedir un
traslado para no engañarse (n.79); el general ha de hacerla antes de cerrar una
casa (n.183); el superior ha de sostener sobre sus hombros la comunidad y el
colegio con la oración (n.188); ha de hacerse antes de comenzar las clases en
las escuelas (n.201). La oración, por consiguiente, ha de llenar la vida entera
del escolapio; es como el ambiente en el que tiene que desarrollar su actividad
y en el que tiene que encontrarse sumergido de la mañana a la noche.
En particular Calasanz pedía que la oración
se tuviera en común dos veces al día, mañana y tarde, mientras que cada
escolapio en particular, al margen de estos dos actos, tenía que vivir en
constante ambiente de oración: “Encomiéndense a sí mismo y la obra a Dios
bendito muchas veces, no sólo durante el día, sino también durante la noche en
la soledad sin que nadie le vea, pues Dios bendito quiere ser rogado muchas
veces y aun importunado, para descubrir el afecto con que recurre a Su Divina
Magestad” (EP 4073).
Por tanto, para Calasanz, la oración es
ambiente y acto, es posición del Espíritu y arranque del corazón que acude a
Dios, es presencia constante ante el Padre y actuación de esa presencia en
actos particulares. Ambos aspectos son necesarios y se complementan entre sí.
Una actitud que no llegue a manifestarse en frutos concretos es fácil que sea
un engaño, mientras que unos actos que no provengan de una vivencia profunda,
sino que sean resultado de un voluntarismo religioso, pronto se secarán y se
convertirán en pura hipocresía. Para el escolapio son necesarios los dos
niveles de oración si desea seguir los consejos de Nuestro Padre Calasanz.
Ver Asiaín, Miguel (1979) La experiencia religiosa de Calasanz, p 198, 204-205

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