La esperanza, perspectiva filosófica

 La esperanza es la fuerza primordial, secreta, todavía no tematizada y muy poco definida en su contenido, que es “la inquietud del corazón”, que tiende a algo grande, a algo que es “futuro” y que incita hacia un camino que se actualiza en una espere confiadamente prolongada.

San José de Calasanz, siguiendo la doctrina de santo Tomás de Aquino, consideraría que: como todas las pasiones del irascible, la esperanza presupone el deseo. Por esto hemos hablado incidentalmente ya de ella como el deseo de un bien futuro. No obstante, la esperanza es algo más, es, incluso distinto. No se espera lo que se está seguro de obtener. Lo que caracteriza a la esperanza es el sentimiento de que una dificultad se interpone entre nuestros deseos y su satisfacción. Solamente se espera lo más o menos difícilmente accesible, y esto es porque la esperanza se mantiene interiormente contra el obstáculo, aniquilándolo en cierto modo por el deseo, que pertenece a las pasiones del irascible. (I-II, 40, 1 ad resp) (Gilsón, 2002: 361)

Como hemos referido anteriormente, existen diferentes ítems para el desarrollo de una filosofía de la esperanza. Una propuesta podría estar animada por las cuatro cuestiones que la Suma Teológica propone:

  • ü     La dimensión psicológica de la esperanza (El nivel de la conciencia)
  • ü     La dimensión moral de la esperanza (El nivel de la transformación social)
  • ü     La dimensión escatológica de la esperanza (El nivel de la temporalidad)
  • ü     La transdimensionalidad de la esperanza con las otras virtudes (El nivel de la libertad)

     El mismo Leonardo Polo en su breve escrito sobre La Esperanza (1998) propone seis dimensiones de la esperanza y posteriormente el estudio realizado por Sellés (2019) “La esperanza sobrenatural como elevación de la libertad en Polo” identifica nueve características de la noción de virtud en el pensamiento poliano, aunque admite que toda su antropología se puede considerar una filosofía de la esperanza.

Recientemente el filósofo surcoreano Byung-Chul Han ha presentado su trabajo: "El Espíritu de la Esperanza" estructurado en tres capítulos: El primero "esperanza y acción" viene a transmitir que la esperanza no depende de cómo acaben las cosas, porque el contenido de la misma es la profunda convencimiento de que todo tiene sentido. Segundo "esperanza y conocimiento": el espíritu de la esperanza habita en un campo de posibilidades que trasciende la inmanencia de la voluntad. Por último, "la esperanza es invencible", no niega lo negativo, sino que lo asume y lo trasciende.


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