Esperanza y nueva conciencia

 Desde que el hombre ha tomado conciencia del carácter histórico y político de las opresiones que le impiden ser él mismo, la esperanza se propone como liberación que se actualiza en la historia. Hoy la humanidad, en efecto, se encuentra cada vez más comprometida, a diferentes niveles y con una concientización e intencionalidad todavía no unificadas, en el esfuerzo de realizar esta liberación, la cual no es sólo un deseo y una aspiración, ni una idea abstracta.

La experiencia de liberación es presentada, en la literatura de la esperanza, como el nacimiento de una nueva conciencia, y, consecuentemente, de un nuevo lenguaje;

La nueva conciencia es conciencia de la privación de ser y de identidad para consigo mismos; ella se actualiza como rechazo a la condición de pasividad a la que condenan las estructuras (Zavalloni: 1995: 9)

 

La primera de las parejas de las pasiones del apetito irascible es la de la esperanza y la desesperación (cfr. Gilsón, E. (2002) El tomismo. Introducción a la filosofía de Santo Tomás de Aquino, pp. 361-362):

  • Característica distintiva de la esperanza. Como todas las pasiones del irascible, la esperanza presupone el deseo. Por esto hemos hablado incidentalmente ya de ella como el deseo de un bien futuro. No obstante, la esperanza es algo más, es, e, incluso distinto. No se espera lo que se está seguro de obtener. Lo que caracteriza a la esperanza es el sentimiento de que una dificultad se interpone entre nuestros deseos y su satisfacción. Solamente se espera lo más o menos difícilmente accesible, y esto es porque la esperanza se mantiene interiormente contra el obstáculo, aniquilándolo en cierto modo por el deseo, que pertenece a las pasiones del irascible. (I-II, 40, 1 ad resp)
  •  La desesperación. Cuando la dificultad se hace extrema, hasta el punto de parecer invencible, una especie de odio sucede al deseo. No solamente se abandona su persecución, sino que ya no se quiere oír hablar de este bien imposible, demasiado vivamente esperado, y cuya posesión se nos escapa para siempre. Esta retracción del apetito sobre sí, con lo que supone de rencor contra lo que fue su objeto, es la desesperación (I-II, 40, 4 ad resp)
  •  La esperanza es intrínseca al hombre. Íntimamente ligada al esfuerzo constante del hombre por vivir, por obrar y realizarse, la esperanza pulula en el corazón de todos. Los hombres de edad y de saber esperan mucho, poque la experiencia les permite emprender muchas tareas que a otros parecerían imposibles. Además, en el curso de una larga vida, ¿cuántas veces no han visto producirse lo inesperado? Pero la gente joven está llena de esperanza por la razón inversa. Como tiene poco pasado y mucho porvenir, tiene poca memoria y mucha esperanza. El ardor de una juventud que todavía no ha sufrido fracaso le hace creer que nada es imposible (I-II, 40, 6 ad resp.)
  • La desesperación puede inducir a la conducta heroica. Un hombre fracasará por haber intentado sin convicción lo que no juzgaba posible. Resulta muy difícil saltar un foso que se desespera franquear; esperar hacerlo es una probabilidad más. Y la desesperación misma puede dar la fuerza por poco que se sustituya por una esperanza. El soldado que desespera encontrar su salvación en la fuga, se batirá como un héroe, si espera al menos vengarse (I-II, 40, 8 ad resp y ad 3m)

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