Experiencia humana de la esperanza

 Según Martínez (2003: 315-316) El bien futuro, arduo y posible de adquirir, es el objeto de la esperanza. Por tanto, una cosa puede ser causa de la esperanza, ya que por hacerle posible al hombre algo, ya porque le inspira la idea de lo que es.

Del primer modo, es causa de esperanza todo lo que aumenta el poder del hombre, como las riquezas, la fortaleza y, entre otras cosas, también la experiencia, puesto que por ella adquiere el hombre facultad de ejecutar algo con facilidad, de donde nace la esperanza (…)

Del segundo modo, es causa de esperanza todo lo que inspira a uno la idea de que algo le es posible. Y así, tanto la instrucción como cualquier género de persuasión puede ser causa de la esperanza. Y de este modo también la experiencia es causa de la esperanza, a saber, en cuanto por ella juzga posible el hombre a lo que antes consideraba imposible (I-II, 40, 5)

Esta realidad última, a la que el hombre tiende, tiene diversos rostros: proyectos, sueños, utopías, deseos, modelos de comportamiento.

El hombre es la matriz y el aliciente de la marcha hacia el futuro: su propia esencia es tensión hacia el futuro, una tensión animada y cimentada por la esperanza, la cual prevalece sobre cualquier otra manifestación de la vida del ser humano y se revela presente en todo su actuar y en todo su obrar.

La experiencia humana de la esperanza se caracteriza por la tensión dialéctica que se instaura en el hombre entre el ser y su hacerse, entre un presente que origina inquietudes y un futuro vivido como tensión hacia lo distinto.

La juventud es causa de esperanza por tres razones, que pueden tomarse de las tres condiciones de bien que es objeto de la esperanza, el cual es futuro, arduo y posible (cfr. Aristóteles, Retorica, 1.2, c.12). En efecto, los jóvenes tienen mucho futuro y poco pasado. Por tanto, puesto que la memoria se refiere a lo pasado y la esperanza a lo futuro, tienen poco en la memoria y viven mucho de la esperanza.

Los jóvenes, también, a causa del ardor de la naturaleza, tienen muchos ánimos vitales que les ensanchan el corazón. Y, como de esta expansión del corazón nace la tendencia a lo difícil, los jóvenes son animosos y esperanzados.

Por otra parte también los que no han sufrido repulsa ni encontrado obstáculos en sus proyectos, creen fácilmente en la posibilidad de alcanzar una cosa. De ahí que los jóvenes, a causa de su inexperiencia de los obstáculos y deferencias, fácilmente estimen posible una cosa (Tomás de Aquino, S.T. I-II, 40, 6)

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