La virtud teologal de la esperanza

Como decíamos con anterioridad el Tratado sobre la esperanza de Tomás de Aquino ha sido objeto de estudio sobre todo de los filósofos y teólogos cristianos. Pieper aunque distingue entre esperanza natural y sobrenatural, concibe la primera como preámbulo de la segunda: “Un filósofo nunca podría pensar en explicar la esperanza como una virtud si no fuese al mismo tiempo un teólogo cristiano. Pues la esperanza o es una virtud teologal o no es en absoluto virtud. Culmina su planteamiento citando la Suma Teológica (I-II, 62, 3 ad2): Es virtud sólo por aquello por lo que es virtud teologal.

La afirmación de que la esperanza es virtud sólo como virtud teologal quiere decir, argumenta Pieper, que la esperanza es una imperturbable dirección hacia la plenitud de ser, es decir, hacia el bien, sólo y cuando se origine de la realidad de la gracia en el hombre y se dirija a la felicidad sobrenatural (p. 377).

Según Pieper la esperanza natural puede dirigirse a un mal objetivo, sin que por eso deje de ser realmente esperanza; por lo que, la firmeza en la dirección hacia el bien le sobreviene sólo cuando es obra de Dios y se dirige a Él, es decir, cuando es virtud teologal.

Continúa explicando el filósofo alemán, que por la esperanza el hombre, “con el corazón inquieto”, se esfuerza en confiada esperar para alcanzar el bonum arduum futurum hacia el penoso “aún no” de la plenitud, tanto natural como sobrenatural (p. 377).

Una vez más insiste: “el intento de alcanzar, propio de la esperanza como impulso espiritual del hombre natural, no tiene, como ya se ha dicho, de por sí la seguridad de encaminarse al verdadero bien, la cual entra en la definición de virtud. Sin embargo, este natural ademán de alcanzar está ordenado esencialmente –como materia informable y ya dispuesta- a recibir la impronta normativa de la virtud y de este lograr mayor ventaja en la orientación hacia el bien” (p. 378)

Sellés nos ofrece una síntesis del pensamiento de Polo sobre la virtud de la esperanza: “la esperanza sobrenatural, hay que decir que no debe prescindir de los anteriores componentes, solo que en esta todos ellos cobran un nuevo realce, pues quien encarga la tarea es dios, la la bor que encarga a cada quien en esta vida es distinta, pues el encargo que da se llama «vocación», no habiendo dos iguales. además, es dios mismo el que ayuda a la persona libre a cumplir la obra dotándola de una ayuda sobrenatural: precisamente la virtud de la esperanza” (2019: 119)

Explica Sellés que: se está esperanzado porque no se ha alcanzado la entera correspondencia del amor que se busca, pues “el amor del hombre es un amor de esperanza: mira a la correspondencia, es decir, a una aceptación más donal que el amor humano”, de modo que los supuestos amores autosuficientes no son personales, porque el amor no se consuma en sí mismo, ya que el «entre» personas del amor es constitutivo suyo. no puede ser de otro modo si el amor es personal, porque la persona es reciprocidad (2019: 126)

En el lenguaje teológico, la esperanza es la virtud propia del creyente, distinta de la fe y la caridad.

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