Nivel de la libertad de la esperanza humana

 Con frecuencia entre su ser y su hacerse, el hombre crece o erra a través de sus continuas elecciones, hechas en libertad: vive su libertad como responsabilidad y, por consiguiente, como abertura hacia el mundo. Ser y hacerse constituyen los dos polos de la tensión dialéctica del hombre que, en las decisiones sucesivas e irreversibles de su libertad, con las que da un significado a su existencia, se vuelve auténtico o se pierde. Sin el empuje interior de confianza hacia el futuro se hace difícil tomar algunas decisiones. (Zavalloni: 1995: 13)

Sellés, Juan Fernando (2019) en: La esperanza sobrenatural como elevación de la libertad en Polo nos ofrece una reflexión consistente sobre el tema que nos atañe.

De los nueve componentes que Polo distingue en la esperanza natural, el primero que considera es el sujeto libre, que, según él, desea realizar un encargo. La esperanza se vincula a la libertad porque forma parte de ella. La esperanza es tanto antecedente como consecuente de la libertad. La libertad se vive en esperanza. Según Polo, uno espera ser libre, y cuando es libre espera más. Uno espera más verdad (Quién es el hombre, p. 209).

Polo (2010: 221) La persona humana. Al sostener que la libertad es uno de los trascendentales personales, parece que quedamos sujetos al compromiso de aducir alguna prueba (…) Aunque la libertad sea el trascendental personal al que directamente se abre la co-existencia, conviene exponerla después de los otros trascen dentales, porque, al cifrarse en el valor metódico y temático del carácter de además, obliga a investigar con detenimiento la dualidad que, a pesar de su solidaridad, es implicada por ese doble valor metódico y temático. Todos los trascendentales antropológicos son duales.

A partir de aquí, Polo desarrolla cuatro ideas sobre la relación entre libertad y esperanza humana: a) la relación entre libertad y futuro; b) el valor metódico y el valor temático de la libertad trascendental; c) La descripción de la libertad trascendental como novum: la libertad y el pasado; y, d) la libertad como inclusión atópica en el ámbito de la máxima amplitud.

Comenta Sellés (2019) que “la relación entre libertad, conocer y amar se suelen establecer en la filosofía tradicional en el ámbito de la inteligencia y la voluntad, no en el ámbito trascendental o del acto de ser personal, sino en lo que se predica del hombre. Para Polo, lo trascendental es nativamente activo, mientras que tales potencias son constitutivamente pasivas. A nivel de estas se habla, por ejemplo, de “deseo de saber”, que es la descripción ancestral de la filosofía. También de la esperanza como de una “virtud” de la voluntad, indicando con ello el crecimiento de dicha facultad en orden al bien sumo, su fin último. Aunque Polo alguna vez trate de estos asuntos con tales coordenadas clásicas, lo que en rigor añade a tal planteamiento es emplazar tales realidades humanas en el plano de la persona, del acto radical, y abrirlas a su elevación sobrenatural. Por ejemplo, escribe:

“La esperanza no es sólo la contemplación de algo, la esperanza está en el orden del crecer; es constitutiva del ser humano. Vivir en acto es vivir actualmente, pero en orden a la virtud es con la esperanza de vivir más” (Persona y libertad, 2017: 222)

Por eso incluso en esos pasajes matiza que “hay libertad más alta que la esperanza de vivir más con la innovación en el hombre mismo; ese más sería el ser para otro, ser libre para otro. Eso es una más alta libertad y esa es la libertad intersubjetiva.

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