Sujeto psíquico de la esperanza
Comenzamos definiendo dos de los términos que incorporamos
en nuestra aproximación al tema de la esperanza: psique y sujeto, para luego
analizar el enfoque que Tomás de Aquino realiza al respecto.
La noción de psique o alma fue utilizada por
Aristóteles para referirse a los organismos vivos; o, dicho de otro modo, a los
cuerpos animados. Como el Estagirita señala, se deben entender por alma “la
causa y el primer principio de cuerpo vivo”, o como afirma santo Tomás, “el
primer principio de vida de los seres vivos” (S.T. I, c.75, a.1). Ahora bien,
cuando se intenta aplicar esta noción de alma al hombre aparecen serias
dificultades. El hombre debe comprenderse a sí mismo, y comprenderse
existiendo. Tal necesidad revela el carácter específico de la subjetividad
humana
Sujeto es el ser que no sólo existe en sí, sino que existe
para sí. Sujeto es el ser que está dado para sí mismo. Por eso, la existencia
subjetiva es una existencia reflexiva. El mantenimiento de una relación con el
propio ser es la característica del ser humano (Arregui y Choza, 111)
En la cuestión 18, artículo 1, el aquinate se pregunta en
cuál de las potencias del alma está asentada la esperanza; considera que el
sujeto psíquico de la esperanza es la voluntad, porque su objeto es el bien,
por lo que sólo puede ser alcanzado por la facultad apetitiva espiritual. Por
otra parte, la esperanza teologal tiene su fundamento y raíz en la fe, que nos
da el conocimiento de los bienes sobrenaturales y mueve a la expectación de los
mismos.
Al presentar las objeciones, alude a las potencias
superiores mencionadas por san Agustín: memoria, entendimiento y voluntad; sin
embargo, el aquinate siguiendo el esquema aristotélico, considera la esperanza
como propia de la voluntad. Vale la pena mencionar que, aunque esta ha sido la
tendencia más generalizada en la filosofía cristiana, san Juan de la Cruz
prefieren anclar la esperanza en la memoria, por manifestarse en la
temporalidad humana.
Presentado el estado de la cuestión, Tomás de Aquino elabora
su argumentación considerando que la esperanza no es un mero anhelo o
sentimiento que mueve a la búsqueda de un bien, sino una dinámica del que se
empeña por alcanzar el fin que el entendimiento le muestra como verdadero y por
lo tanto, apetecible.
Para culminar, al dar respuesta las objeciones (Sol 2)
resalta la importancia de la esperanza en el propio perfeccionamiento del ser
humano. La esperanza es dynamis que tiende continuamente a la consecución del
fin último.
La relación entre la esperanza y la caridad es otro de los
aspectos dignos de mención del artículo. Esta mutua implicación fue objeto de
meditación del Papa Benedicto en su Encíclica sobre la esperanza.
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