Entradas

Sujeto psíquico de la esperanza

  Comenzamos definiendo dos de los términos que incorporamos en nuestra aproximación al tema de la esperanza: psique y sujeto, para luego analizar el enfoque que Tomás de Aquino realiza al respecto. La noción de psique o alma fue utilizada por Aristóteles para referirse a los organismos vivos; o, dicho de otro modo, a los cuerpos animados. Como el Estagirita señala, se deben entender por alma “la causa y el primer principio de cuerpo vivo”, o como afirma santo Tomás, “el primer principio de vida de los seres vivos” (S.T. I, c.75, a.1). Ahora bien, cuando se intenta aplicar esta noción de alma al hombre aparecen serias dificultades. El hombre debe comprenderse a sí mismo, y comprenderse existiendo. Tal necesidad revela el carácter específico de la subjetividad humana Sujeto es el ser que no sólo existe en sí, sino que existe para sí. Sujeto es el ser que está dado para sí mismo. Por eso, la existencia subjetiva es una existencia reflexiva. El mantenimiento de una relación con e...

El sujeto de la Esperanza

  La cuestión del sujeto de la esperanza es abordada por Tomás de Aquino en ST II-II c.18 dando por supuesto que: el Homo Viator es el portador de la misma (a.4). Esta obviedad solo puede indicar que ha tratado anteriormente tal aspecto, específicamente al referirse al fin último del hombre. Ya que como él mismo refiere: el objeto principal de la esperanza es la bienaventuranza eterna (a.2 resp). Seguiremos la línea argumental, haciendo énfasis en el sentido ontológico de la noción de “sujeto” como “Homo Viator”; ya que nos hemos ocupado de la definición esencial de esperanza con anterioridad (c.17). Así pues, tendremos la oportunidad de contemplar la relación entre la virtud de la esperanza y el fin último del hombre; considerando que l a virtud es lo que hace bueno al que la posee y torna buenas las obras del mismo (S.T. I-II, c.56, a.3, con) Como existente concreto, el Homo Viator es un ser complejo. Para comprenderlo es necesario tener presente la unidad que acompaña siemp...

La magnanimidad II

O Otros aspectos que podemos considerar con respecto a la magnanimidad son los siguientes:   La magnanimidad es a la vez parte integral de la fortaleza, cuando ésta ha de afrontar peligros de muerte, y virtud moral de la pasión de la esperanza . Ello implica dos graves consecuencias, en orden a la psicología del esperar humano. Mirada desde el plano de la vida moral, la esperanza, pasión del apetito irascible, se humaniza en cuanto constituye uno de los supuestos psicológicos de la fortaleza; la esperanza se hace humana ofreciendo al fuerte un futuro incitante, y el fuerte llega a serlo porque –entre otras cosas- sabe esperar. Lo cual nos hace concluir, y ésta es la segunda consecuencia, que la esperanza no llegará a ser un movimiento del ánimo verdaderamente humano, mientras no posea la capacidad de extenderse hacia el logro de bienes que merezcan racionalmente el riesgo de morir (pp. 96) La relación entre la magnanimidad adquirida y la esperanza nos permite referir a ésta los div...

La magnanimidad (I)

  El valor de la esperanza está en proporción con el bien que se puede perder por la desesperación, ya que, cuanto más grande es la promesa, tanto más mortífera es la desesperación. Como hemos mencionado antes, la ética de Tomás es magnánima, una visión de la vida moral que nos llama a nuestra posibilidad más prometedora. Pieper define la magnanimidad como “la extensión del ánimo hacia las grandes cosas”, y añade que “Tiene magnanimidad el que se exige lo grande y se dignifica con ello. La magnanimidad… se decide siempre por la más grande posibilidad del poder ser” (1980: 378). Una persona magnánima tiene hambre de las más grandes y nobles posibilidades; tiene sed de lo mejor. La magnanimidad es un sello de la ética tomista por lo que resulta ser una teoría sobre moral que tiene por objeto lo que es mejor para nosotros y se niega, a pesar de todos los obstáculos y desilusiones, a hacer mezquina su visión de aquello a lo que Dios nos capacita y nos llama a ser. Tomás sabe que, para ...

La esperanza, imprescindible para la vida moral

  Ahora bien, aunque la esperanza es una virtud imprescindible para la vida moral, esto no significa que sea más importante que el amor, aunque sí es cierto que sin ella probablemente llegáramos a perder el objeto mismo del amor. La esperanza respeta nuestra condición de viandantes, somos peregrinos en camino hacia una promesa que intuimos pero que no poseemos. Es la virtud que nos asegura la posibilidad de alcanzar algo que se nos ha prometido, aunque sea difícil de lograr. Escribe Josef Pieper: “La virtud de la esperanza es la virtud primaria correspondiente al status viatoris ; es la auténtica virtud del “aún no” (1980: 375). Según Piper, la esperanza nos estimula hacia nuestra más alta posibilidad. Como virtud, la esperanza fija nuestra atención en lo mejor que puede pasarnos: nuestra plena asimilación a Dios, la única perfección genuina y adecuada a nuestra debilidad. Álvarez (mercaba.org) nos ofrece las diferentes concepciones que podemos encontrar de la esperanza de acuerd...

La esperanza: una mediación entre el amor y el gozo

  Si observamos cuidadosamente el orden de las emociones, la esperanza se encuentra en medio camino entre el amor y el gozo. Tomás nos explica que, en cierto modo, la esperanza conecta el inicio de la vida moral en el amor con su fin en el gozo. Es por tanto, el vínculo entre el amor y la alegría, porque nuestro amor a menudo se mantiene vivo y progresa hacia la plenitud gracias a la esperanza. Por eso, en algunos momentos de la vida, la esperanza llega a ser más vital que el amor, ya que, aunque es este el que faculta a la esperanza, solo progresa hacia el placer por medio de ella. Al principio hemos creído en un amor que es la causa de nuestra esperanza, pero a veces es ella misma la que mantiene vivo al amor; al menos, es la que nos convence de que dicho amor no quedará defraudado. Para profundizar en esta línea de argumentación ver: Wadell, Paul (2002) La primacía del amor. Una introducción a la ética de Tomás de Aquino, p.   180. En otra línea de pensamiento, Lain Estra...

La relación de la Esperanza con las otras virtudes

Volvamos a considerar los tres caracteres principales del bien hacia el cual se mueve la pasión de la esperanza: ese bien es futuro, arduo y posible. No rebasa las posibilidades del que espera, pero con su elevación y su dificultad le obliga a emplearse en un combate duro y áspero. La pasión de la esperanza, esforzado movimiento hacia el bien, combativa extensión del alma en busca de su propia perfección (In III Sent., d.26, q.1), requiere amplitud y calor en el corazón del esperante, exige cierto levantamiento de ánimo (I-II q.37, a.27; q.25, a.1); suscita audacia (I-II, q.45, a.2 y 3) y la ira (I-II, q.46, a.1; q.48, a.1) Nada más lejos de la mente de Santo Tomás que la tendencia a concebir la esperanza como una aspiración quieta y contemplativa, platónica. La pasión de la esperanza, en suma, hace del homo viator, simple caminante desde su nacimiento hacia su muerte, un homo pugnator, un resuelto combatiente hacia su propia grandeza (p. 89) Ahora bien, la esperanza natural es u...